6 de noviembre de 2011

Thelma & Louise; fugitivas de lo country

Con Thelma & Louise pegada a las retinas he empezado la tarde. Los de la Sexta 3 saben como se siente la gente los domingos por la tarde cuando hace tanto frío y la lluvia es un villano amenazante. De esos que se asoman durante toda la película pero nunca aparecen a cuerpo entero hasta la batalla final, que es cuando empezarán a caer los relámpagos y los truenos de acurrucarse bajo las mantas.

Hacía mucho tiempo que me rondaba por la cabeza verla y disfrutar de las huidas por la desértica Norteamérica profunda. Son personajes planos en el minuto uno que se desdoblan entre matices conforme avanza el argumento. Como las circunstancias absorben tu manera de ser para escupirte como un combinado de emociones  al límite.



Emprender un viaje de ocio, a cualquier parte, para liberarte de la rutina suena tentador y liberador, desconectarte de lo que te ata y necesitas para respirar con tus propios pulmones durante un par de días puede abrirte las puertas a descubrir partes de ti mismo que quizás conocías, pero no sabias encontrar.

Más allá de su interesante argumento y fotografía, su punto fuerte está en las connotaciones que la historia lleva implícitas en su interior. El mensaje es de rebeldía; rebeldía hacía los hombres y rebeldía hacía los estereotipos. Ambos dos todavía presentes y fundamentales en la sociedad occidental de finales del siglo pasado (y ahora). La violencia es una respuesta, pero dentro del marco de la historia no está fuera de contexto. Es verosímil que se actúe así ante los estímulos tan negativos que el exterior envía a ambas protagonistas.

La verdad, creo que yo hubiese hecho lo mismo.





2 de septiembre de 2011

El desencanto


No digas estupideces, ni las pienses, no las escribas, no te las guardes para luego. Trágate cualquier cosa si no es aquello que esperan oír.

Nos educaron para que diésemos por hecho que nuestro futuro estaba atado y bien atado; asegurado y blindado, como las puertas de las casas a las que entran a robar. Sencillo y abundante, solo con necesidades consumistas y materiales fáciles de suplir a diario, creíamos. La globalización y las economías a (gran) escala habían solucionado el presente, ¿por qué no también el futuro? Pues básicamente porque todo cambia y nada permanece. Los actos y procesos se suceden en todas partes y nada podemos hacer por cambiarlo. Con suerte logramos reducir el daño actuando con sentido común.

Por fin nos damos cuenta de que el capitalismo y la cultura de masas planetaria plantean algunas dudas, que tal vez no sean la forma perfecta de avanzar y crecer hacia una equidad sostenible y real que se pueda exportar universalmente.



Pero es confuso, nadie conoce el camino correcto pero todos lo predican. Algunos se aproximan al menos equivocado, pero todos se dan contra muros de hormigón o entre ellos mismos al intentar imponerlo. Dar palos de ciegos, renunciar a la cooperación por el triunfo personal, eso en mi pueblo se llamaba egoísmo.

Somos como el que no sabe lo que busca pero lo cerca con fuerza y determinación en una enorme habitación a oscuras en la que no ha estado nunca y en la que ningún interruptor funciona.


Pero el pesimismo no va de la mano de los cambios, aún puede existir un pequeño éxodo lejano del fracaso absoluto, una ceniza casi apagada de esperanzas capaz de brillar unos segundos más antes de ser barrida por la brisa del tiempo convertida en polvo. Me pregunto a diario que es lo que mantiene todavía vivas las ganas de luchar por un objetivo desdibujado por los medios, los intereses y por nosotros mismos. ¿Cuál es el motivo si parece estar todo perdido? ¿Qué nos hace creer que podemos vencer a un ejército de gigantes siendo nosotros pequeños, casi mudos y desarmados?

Desarmados voluntariamente en realidad, suena duro, pero es cierto, la verdad siempre duele. Si lo piensas bien descubres que la suma de todos es lo que otorga el poder a las élites ajenas. Ingresamos el dinero en sus bancos, compramos sus marcas y productos, trabajamos en sus empresas, les pedimos préstamos financiados con nuestros propios ingresos y esfuerzo. ¿Por qué? Después de cavar todos juntos nuestras tumbas y fabricar sus tronos, ¿con qué derecho nos quejamos de la realidad que les hemos facilitado día tras día desde que el mundo es mundo?

Dinero, capital, ambición. Aunque no nos muramos de hambre tampoco moriremos empachados.



20 de julio de 2011

-SYNTAGMA SQUARE-


Atenas. El lugar en sí ya impone, una ciudad infinita construida a los pies de la milenaria Akrópolis. Calles y callejuelas que se extienden por la ladera hasta donde alcanza la vista, una especie de laberinto en el que solo los lugareños se atreven a hacer de guías.



Paseando por el antiguo y encantador barrio de Plaka, un conglomerado de pequeñas calles peatonales plagadas de bares y rincones en los que perderse, nos damos casi de bruces con la imponente plaza Syntagma. La veo al final de la calle, a lo lejos, las pancartas y un par de furgones policiales me advierten de que ya estoy cerca.

"Cómete a los ricos"

Al acercarnos descubro numerosos locales y mobiliario urbano arrasado; persianas bajadas, bolas de pintura estampadas, transformadores eléctricos y cajeros bancarios reventados... Se respira revolución.

Asambleas, tiendas de campaña, símbolos, consignas, pintadas, charlas y comisiones. Incluso una bandera española como símbolo de apoyo decora una esquina cercana a la enorme fuente que marca el punto cero de la plaza. El parlamento preside la zona alzado en un nivel superior al que se accede por unas amplias escaleras, con una gran bandera griega ondeando en lo más alto.


La gente habla, pasea, discute, trabaja, se mueve. Está claro que la esencia inconformista y contestataria es la misma en todas las Acampadas del 15-M, especialmente en Grecia donde los motivos para manifestarse son innegables. El pacto del euro, los rescates financiados con el dinero de los ciudadanos, el paro en continua ascensión y la pasividad de los responsables de la crisis estimulan los anhelos de justicia, equidad y libertad que los atenienses reclaman.

Deseos y propuestas que suenan utópicas en boca de los indignados pero que se tornan realistas, lógicos y consistentes cuando son otros, como periodistas, economistas o políticos, los que los defienden. Llama la atención por su enorme simbolismo el hecho de que sea aquí, en la cuna de la democracia donde peor estén las cosas y más fuerza tienen las protestas y acciones contestarias en contra del orden que se ha establecido.

Me entristece tener que dejar atrás smejante emblema de la revolución, pero se hace tarde y ya tengo todo lo necesario para asegurar a cualquiera que me pregunte que la insurrección pacífica sigue, que la unión es tan fuerte como el primer día y que no consiguen (ni conseguirán) desanimarnos ni apartarnos de la lucha.


"Grecia sigue civilizada"

P.D: Perdón por la mala maquetación, pero el blogspot no da para más...